HA MUERTO MARGARITA SALAS, UNA DE LAS CIENTÍFICAS MÁS IMPORTANTES DE ESPAÑA

Margarita Salas

Nacida en la localidad asturiana de Canero el 30 de noviembre de 1938, Margarita Salas Falgueras es bioquímica. Licenciada en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid, fue discípula de Severo Ochoa,​ con quien trabajó en los Estados Unidos. En la actualidad es profesora vinculada ad honorem del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). y desarrolla su trabajo en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid. También es académica de la RAE. En 2016 se convirtió en la primera mujer en recibir la Medalla Echegaray que concede la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

COMO HOMENAJE, OS DEJAMOS ESTE MARAVILLOSO CUENTO:

Margarita Salas: la científica tenaz que sigue rompiendo barreras

CUENTO: EVA HERRERO DE LUCAS | ILUSTRACIÓN: ISABEL POZO MONTERO

Cuando la abuelita Isabel se sentaba en su hamaca para contar historias, sus nietos se arremolinaban a su alrededor. No faltaba ni el viejo perro del abuelo que siempre tenía frío y se acurrucaba a sus pies.

—Niños, ¿sabéis que en estas tierras asturianas han nacido personas muy importantes?

—Sí, ¡muchos! —respondieron los dos a la vez.

—¿Sabéis lo que son los premios Nobel?

—Sí, ya… eso nos lo cuentan en el cole… —respondió Jaime.

—Eso está muy bien. ¿Y sabéis que en Luarca, el pueblo marinero donde vais los domingos, nació una persona que llegó a conseguir uno?

—Ah sí, ¿quién? —preguntó Lucía.

—El científico Severo Ochoa. Pero no os mováis tanto que esta historia no va de un asturiano, sino de una asturiana muy pero que muy importante.

Un día Severo Ochoa fue a comer paella a casa de un primo suyo y allí conoció a Margarita Salas, la hija de su primo. La joven estudiante de Ciencias Químicas se quedó fascinada con los trabajos de investigación del primo de su padre y éste le prometió enviarle un libro. El libro llegó desde una ciudad muy lejana llamada Nueva York, que era donde vivía Severo Ochoa, y trataba sobre la biología molecular.

—¿Y eso qué es? —replicaron los niños a la vez.

—Ummm, es difícil de explicar—respondió la abuela— veréis, nosotros estamos formados por unas cosas muy pequeñas que se llaman células, pues bien, dentro de esas células aún hay cosas más pequeñas todavía que se llaman genes y que contienen nuestra información genética, o sea, lo que nos hace rubios, morenos, altos… la biología molecular estudia el material de estos genes, que se llama ADN.

Margarita leyó el libro de cabo a rabo y ya no tuvo dudas: decidió que sería científica y que se dedicaría a descubrir todos los secretos del ADN.

En la Facultad de Ciencias Químicas estudiaba mucho y trabajaba sin descanso en el laboratorio con sus tubos de ensayo y sus potingues y no lo tuvo nada fácil puesto que estaba en un mundo de hombres.

—Abuelita —interrumpió Lucía-—¿es que los hombres habían comprado el mundo?

La abuela sonrió.

—No mi vida, no lo habían comprado, pero en esos tiempos las mujeres no solían hacer carreras universitarias, sino que se quedaban en casa y cuidaban de su familia. Pero los padres de Margarita eran diferentes y quisieron que todos sus hijos estudiaran, sin importar si eran chicos o chicas.

Además, Margarita tuvo la suerte de enamorarse de un hombre maravilloso que se llamaba Eladio y también era un apasionado de la biología molecular. Margarita y Eladio se casaron y emprendieron juntos el camino de la vida y de la investigación científica.

Margarita hizo su tesis, no sin pocos obstáculos. Años después, su director de tesis reconoció que la primera vez que habló con la joven estudiante pensó: “Bah, una chica. Le daré un tema de trabajo sin interés, y si no lo saca adelante, no importa”.

Pero resultó que sí lo sacó adelante, y de forma brillante. Por eso, recibió una beca gracias a la cual el joven matrimonio se fue a Nueva York para trabajar en el laboratorio de Severo Ochoa.

En Nueva York, Margarita y Eladio vivieron unos años apasionantes, pero decidieron que querían llevar a su país todo lo que habían aprendido. Así que volvieron a España y Margarita empezó a dirigir un laboratorio.

—¿Qué es dirigir un laboratorio, abuelita? —preguntó Jaime.

—Es como ser la jefa, la que más mandaba en el laboratorio. Con ella trabajaba un grupo de científicos.

—Ah, ¿y era buena jefa? —insistió Jaime.

—Tan buena que entre todos descubrieron un montón de cosas importantes para que nosotros podamos vivir sanos. Y no solo se dedicó a ser la jefa del laboratorio, sino que enseñaba en la facultad, era profesora.

Y esta es, mis queridos niños, la historia de una asturiana luchadora y emprendedora que eligió una profesión en la que la mayoría eran hombres, pero que, a pesar de ello, siguió adelante hasta conseguir su sueño de ser una gran científica.

—¿Y ahora es una abuelita como tú? —preguntó Lucía.

—Sí, se ha ido haciendo mayor, claro —respondió la abuela entre risas—, pero continúa trabajando a diario en su laboratorio. Su siguiente sueño es seguir haciéndolo hasta cumplir por lo menos ¡cien años!

Y así es como Margarita Salas, gracias a su pasión por la ciencia, su tesón y su entrega, se ha convertido en pionera mundial en biología molecular y una autoridad en su campo, además de un referente fundamental para las mujeres científicas en España y en el mundo.

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